La peluquera que sedujo a Pedro Carrasco y que posteriormente se convirtió en la segunda viuda de las mil Españas está ingresada en unas circunstancias que me parecen extrañísimas. Disponemos de una mínima información, dada la opacidad de su círculo, también muy complicado, y lo poco que ha trascendido me llena de estupor. Muy mal tenían que estar las cosas en su entorno, y en su organismo, para que le haya dado un brote psicótico con las características descritas estos días en todos los medios. Ayer, miércoles, han salido en el programa "A TU LADO" las primeras imágenes de Raquel Mosquera asomándose a la ventana de la parte psiquiátrica de la Clínica Puerta de Hierro, donde lleva ingresada desde el pasado viernes. Demacrada, asustada y derrotada. Esa es la cara que he visto hoy de la Mosquera. Su estado de salud no es bueno, y ella y su marido sabrán porqué se ha llegado a semejante extremismo. Un callejón del que ignoro cual es la salida. Se dice que todo viene por la gran crisis que Mosquera arrastra a raiz de su "surrealista" boda y posterior embarazo con este señor, sobre el que las preguntas resbalan en busca de unas respuestas que jamás llegan. Mi opinión es que la peluquerita, a la que engordaban los ácaros, ha ido demasiado lejos en el territorio de la codicia y la ambición. La peluquería se le había quedado pequeña y necesitaba engordar una cuenta corriente demasiado llena de altibajos. Y por otro lado no podía echar la vista atrás y borrar de su vida al nigeriano, ya que todo el mundo había presionado ante las sospechas de montaje. Sus desmanes y la mala relación de la pareja con la prensa tensaron in extremis los nervios de Raquel causándole una mala pasada. Moraleja: que se cure, deje a ese señor tan "raro" y se dedique a su hija. Traer una criatura al mundo para aparcarla en casa de los padres no me parece nada bien.

 

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