Se
han puesto en contacto, por la vía del anonimato, dos mujeres que han
tenido maridos nigerianos. Una de ellas conoció a Tony, amigo de su
marido, hace unos ocho años. Las dos están separadas y ambas también
padecen miedo a hablar haciendo ruido. Se han dirigido a mi mismidad
porque se sienten identificadas con el sufrimiento de Raquel Mosquera,
con el enamoramiento que esta tiene por Tony y con las consecuencias,
por ellas muy bien conocidas, que tal estado pueda tener en la vida de
Raquel. "Todos ellos son una especie de familia cerrada. Se
tapan entre ellos, comercian en plan clan y trabajan igual. El origen de
lo que mueven les sitúa en la ilegalidad, y con esa base se surten del
resto de negocios: coches de lujo que transportan a Alemania, negocios
de la noche poco claros, compras y ventas en exceso rápidas. O sea, que
de santos y castos nada". "También hay que conocer su
realidad para entender porqué Tony, en concreto y antes de casarse con
Raquel, no salía de España y ahora se ha inventado el puente aéreo
Madrid-Lagos. Tony no disponía de papeles y entrar en Nigeria era
imposible. Desde que se casa con la peluquera las cosas cambian y ahora
, atención al dato, en cuestión de días, ya tendrá en su mano unos
papeles muy importantes , puesto que habrá transcurrido un año desde
que "adquirió" su vida mediante una boda más que
cuestionada".
Si que es conveniente conocer algo de la cultura nigeriana, un país
con mayoría musulmana, tan alejada de la nuestra. Estos jóvenes que
vienen hasta aquí para ganarse la vida tienen familias muy extensas, y
ellos "tienen" la obligación de asistir a todo el clan una
vez que han logrado rehacer su vida en España. Y eso es lo que sucece
con Tony. Desvía dinero del ganado en España, a pesar de que aquí no
se le conoce ocupación oficial alguna, y lo invierte en su caótico
país donde los precios y la mano de obra nada tienen que ver con las
mil Españas. Y eso ha trastornado a la peluquera, hasta el extremo tan
patético que hemos llegado a ver. Y a pesar de las críticas, entre
ellas la mía, que ha tenido ese marido tan poco sensible, puesto que
mientras ella está curándose las heridas del alma, se dedica a vender
menudillos de mentiras al peso por los platós.