Se ha ido sin hacer ruido, tal y cómo fue siempre su vida. Ahora que las sagas familiares se han puesto de moda por ventilar sus bofetadas en las teles, me gusta resaltar a una gran estrella que nunca tuvo una mala palabra para los medios, que nunca tuvo ni un asomo de escándalo y que nunca jamás vendió nada de su vida. Nos regalaba entrevistas, en España o en México, siempre llena de humor, de respeto y con ausencia total de divismo. En Latinoamérica era un fenómeno cuando cambó de tercio y se recicló con las rancheras. Un claro ejemplo de artista con variedad de registros. Primero fue el cine. Luego sus canciones de la etapa española, no olvidemos tampoco sus incursiones teatrales. Y finalmente el resurgir con la canción mexicana. Cuando Junior, otra estrella del momento, y ella se casaron, es cierto que surgieron rumores de todo tipo y para todos los gustos. Los cuervos negros de la maledicencia presagiaban malos augurios a la pareja, un poco más de lo mismo que igualmente sucedió con Natalia y Raphael. Sin embargo todo fue mentira. Junior y Marieta han seguido juntos hasta el final, y durante 36 años. Y con ella vendiendo discos y aunando premios. 
Cuando la Dúrcal surgió de la varita de Luis Sanz ya estaba Marisol en la galaxia española del éxito. Existió una rivalidad que llevó a sus fans a una auténtica división. O eras de Marisol o se suspiraba por Rocío Dúrcal. Personalmente, en esa primera etapa, me gustaba más Rocío, la veía más moderna. Luego me hice su fan con una gran canción "La Gata", que incluso llegué a pedir en el Rock Hola, lo cual era casi un sacrilegio, pero logré que las hordas de la mega-movida entonaran el himno elevándolo a la pluralidad del instante. No quiero incurrir en tópicos, y tan sólo pretendo recordar a una mujer, una artista, que me hizo vibrar como profesional y cuando me divertía. Acabo de hablar con mis diez mejores amigas y todas me dan la razón.

 

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